Infierno en la tierra por Juan de la Cruz Cabot

Día del estudiante. Vuelve a casa Norma Condorí, segundo segunda, turno tarde en la Aguado, previa matemática, quince años, sin misa ni fiesta, sólo una madre pidiendo aguante al sufrimiento, vuelve a casa, frescos los afectos de los chicos del curso, un hermanito, cinco años, sin papá, padrastro alcohólico, toda una vida de miseria cercana, de sol y sueños lejanos, vuelve a casa , guardapolvo humilde, un papá desconocido como un misterio doloroso sin letanía, vuelve a casa con la afectiva imagen de la escuela y los compañeros, un poquito más Normita ya nos darán la casilla nueva, le había dicho su mamá, la noche anterior de violencia y borrachera del padrastro cuando ella imaginaba el cuchillo de cocina terminar tantos moretones en cuerpo y alma.

Día del estudiante. Septiembre cálido de trópico por la villa de calles ásperas con pobreza absorvente. Vuelve a casa Norma Condorí con la alegría de la obra de teatro estrenada con ella en papel protagónico junto a Silvia Ruiz, su amiga y compañera formoseña, representado, tal vez, la propia vida, trayendo los aplausos, todos para ellas, Norma y Silvia, compañeras de banco, buenas amigas.

Día del estudiante. Esta noche, elección de reina. Vuelve a casa Norma Condorí, hija de Berta Condorí, vidas duras ultrajadas por el hombre de vino empedernido. Vida dura, acunando al Juancito, hijo con arrorró de apuro, en noche de desvelos y sin estrellas, con cielo incierto y broncas florecientes germinando en una niña, por entonces, de primaria, vuelve a casa con la ilusión del teatro y de la casilla prometida, ya casi trigueño el atardecer con grillos en bohemia y contrapuntos de rana, legítima payada como la de Fierro y el Moreno, en esta explicadera natural del sosiego en el trópico esparcido en la tierra.

Día del estudiante. Historia sin recreo.Vuelve a casa Norma Condorí imaginando la escena de botella vacía en el suelo de tierra, esparcidos los vidrios, insultos y ofensas ¡puta de mierda! y ella, Norma Condorí, tensa, mirando a la madre, al padrastro, al cuchillo de la mesa como último acto de un teatro aprendido con cautivante sensación de vivir deferente otros episodios sin martirio , sin estos trastabilleos de borrachos trompada en el aire, rostro de Berta Condorí, y la sangre y el llanto de Juancito y un grito:¡ No, Normita! Pero el cuchillo como el telón de un teatro llevándose el infierno de la calle, cercana a La Loma, en la noche ya oscurecida e incipiente, en una esquina pobre y desplomada, sin estrellas.

Héctor A.Juan de la Cruz Cabot – Tartagal- Salta- Argentina