Oda escrita en 1966 – JORGE LUIS BORGES

Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete

que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo,
ni los otros que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.

Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas, de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.

La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo. ( Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban, argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.

Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.

Guardar

Guardar

Despertar, cada día

cóndor

Todos los días conspiran el sueño y el olvido…

Cada día, con  la misma luz de la aurora, despertar quisiera.

Todos los días mi mente alardea, clama y se afana…

(Si cada día, en el mismo silencio,  tan sólo respirar pudiera…)

Mientras; todos los días, la tierra gime y muere; aún antes de nacer.

Cada día, con ella, gritar quisiera un poema; o lo que fuera…

(Pero si al menos, pudiera gritar …)

Todos los días, ríos de lágrimas van a morir al mar.

Cada día, con ellos, resucitar en silencio, quisiera.

Como vos…

Pilar Gauffin

Sí. Como quien se detiene y mira… mira y  se deja conmover por el don de la Vida;

-en medio de este silencio atontado… de sonidos huecos y extraños-.

Sí. Como quien busca, y a veces…a veces, encuentra una esquiva brizna de nada;

-después de tanto enmarañado rebullir de espasmos… y errar de ambulante-.

Sí. Como quien cierra los ojos rendidos a la eternidad del único instante…

y concibe la plenitud del milagro, en aquella otra Mirada;

que al fin, acontece…