La ilusión de… volver a nacer

“Si Cristo naciere mil veces en Belén, y no en ti, seguirás perdido eternamente”

Johannes Angelus Silesius

Niño Jesús

Hoy y siempre hemos cuidado mucho la ilusión de nuestros niños en la noche de Reyes ;  ilusión  que tiene que ver más con la magia que implica el hecho de que unos Reyes sabios y lejanos se ocupen de sus deseos de niño, que con los regalos materiales en sí. Y quién puede negarlo:  la ilusión en este sentido y que tiene que ver con una realidad que escapa a nuestra cotidianidad,  es muy bonita mientras dura … Y yo, como tantos, volvería sin dudarlo a ilusionarme otra vez igual que con mis hijos, con mis nietos.

Sin embargo; creo que no hemos cuidado tanto, aquella otra  ilusión que trae consigo la esperanza y la alegría, y que no tiene que ver ni con la magia, ni mucho menos con tener aquello que deseamos . Se trata de  aquella otra ilusión interior, inherente al ser humano: la alegría  del que espera y se alegra en el “ser”.

La alegría del simple “ser “es un don natural en la niñez, un don que con el tiempo y las experiencias negativas de la vida va opacándose, más o menos según la capacidad de superación y de volver a ilusionarse de cada individuo, pareciera ser… Es aquí donde tenemos que perseverar , ser cuidadosos y acompañar especialmente a nuestros niños y a nuestros jóvenes: en los momentos de desilusión,  de fracaso, de injusticia, de humillación; con nuestras lágrimas , pero también con nuestra certeza  y aquella chispa de esperanza, capaz de volver a encender la llama de una ilusión sin fin… porque no tiene otro fundamento, otro principio y otro fin que el de ” ser”.

Pero, ¿ es posible ese tipo de ilusión tan inocente y elemental? Personalmente creo que a nivel humano es casi imposible. O lo es sólo durante periodos determinados de tiempo, es decir de una manera intermitente. La alegría como un estado de vida permanente, subyacente a todo y siempre plausible de ser actualizada y recuperada, sólo es posible cuando creemos en algo más que en lo que vemos, es decir cuando somos capaces de trascender nuestra visión humana y limitada de la realidad que nos rodea. . Y cuando digo trascender lo que quiero decir en realidad es: morir*. Morir  en nuestro cotidiano quehacer segundo a segundo, equivale a la muerte del ego a través de la experiencia o la  circunstancia personal para dar lugar a una nueva vida , a una nueva forma de SER en el mundo: la de ser en el SER; o   la del Amor, o del  Niño recién nacido. Sólo así, somos capaces de curarnos y de levantarnos con la mirada alta, renacidos e ilusionados nuevamente.

*Nada vive sin morir: Dios mismo, si quiere vivir para ti, debe morir: ¿ cómo piensas, sin muerte, heredar su vida ?  Peregrino querubínico J.A. Silesius

 

 

 

 

 

 

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¿ Cambia todo en este mundo ?

El  mundo vive un  cambio permanente y la evidencia, está cada día, al alcance de nuestra mano. Gracias al aporte invalorable de miles y miles de seres que han dado sus vidas por la construcción del  conocimiento ; vivimos en un mundo en constante progreso  científico y tecnológico. Sin embargo,  lo que hoy está en juego es la evolución de las  sociedades ya no como colectivos de consumidores o  franjas electorales sino como comunidades ocupadas en la búsqueda del bien común, y ante todo de la justicia y la paz . Pero la sociedad está hecha de individuos antes que de grupos, o colectivos. Por ello el cambio es tanto más imperceptible, profundo, arduo y complejo. Porque tiene que ver nada más ni nada menos, que con el nivel de consciencia de cada ser humano.

Y  hablando de consciencia, hay que hablar de  blanco o negro ; es decir del bien o del mal. Porque la verdad es una sola. Aquí no valen los mil y un tonos… de los mil un matices de verde, azul o rojo… Ahora bien  ¿ quién promueve o motiva  la sed de verdad y de justicia? ¿ A quién le importa que incremente esta sed  de cambio o evolución interna en las personas ?   ¿ Quién defiende la evolución de las sociedades por encima de los intereses políticos , económicos , nacionales , etc etc ? ¿ A quién le importa la Verdad y nada más que la Verdad ? ¿ A quién, o a quiénes ? La sociedad debería tener como base fundamental de sí misma , esta defensa y esta búsqueda.

El mundo de hoy

Empecemos por  que sea a nosotros mismos. Promovamos el amor a la Verdad en nuestro ámbito , pero antes que nada en nuestro interior. Erijámonos en defensores de nuestra propia dignidad y de la de nuestro hermano, pero antes que nada intentemos vivir en la verdad día a día, minuto a minuto, y no en la realidad  que nos venden.  Y que nuestra única bandera sea nuestro amor a la Verdad.  Y Ella, un día nos hará libres ;  y otro, nos librará  del poder de los falsos, los cínicos, los hipócritas, los explotadores, los corruptos, los soberbios… Y ojalá algún día ellos : los esclavos de la mentira ; sean también libres. Porque sólo la Verdad se escribe con mayúsculas y sólo Ella, desea el bien a todos sin distinción de ningún tipo.

Buenos deseos

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Todos sabemos que desear verbal  y sinceramente a la vez, la felicidad a nuestros semejantes como lo hacemos en esta época del año,  es una costumbre ciertamente buena y constructiva digna de ser cuidada y conservada. Nadie puede negarlo.   Sin embargo, como en casi todo, creo que no es cuestión de cantidad sino de calidad, y por eso dudo que la cantidad de felicitaciones vía wasap, guarde una proporción directa con la cercanía o la autenticidad, al menos, de su mensaje literal. Valores que  la escritura de puño y letra y la llamada de voz , conservan y transmiten, siempre.

Suele pasar también que demasiadas palabras lo que hacen es  aumentar el ruido y  la soledad.  Por otro lado está la realidad “a gritos” de lo que el mundo necesita : obras y gestos  que nos acerquen más los unos a los otros. Creo que a menudo nos falta una pizca de consciencia a cerca del impacto que nuestras decisiones y nuestros actos pueden llegar a tener en la vida de los que nos rodean…y de aquellos a los que nosotros rodeamos. Sin duda, un impacto que puede llegar a ser  mucho más real y significativo que el de nuestras palabras . Porque como dice nuestro amigo Paulo Coelho: “La vida no está hecha de deseos y sí de los actos de cada uno”.

 

 

 

 

EL REGALO

Vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de los hombres no hacemos otra cosa que existir.                                                    Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.

Permítanme un inciso en medio de este tiempo especial, donde no faltan los regalos: ¿Cuál es, el mayor regalo que hemos recibido en nuestra vida? ¿Cuál, aquel regalo que nos ha hecho mayor ilusión o nos ha hecho sentir más felices? Cerremos los ojos, y recordemos. Si volvemos a abrirlos, intentémoslo nuevamente. Sin duda nos llevará algunos segundos traerlo a la memoria. Tomémonos ese tiempo. Y una vez recuperado quizás se haga presente también, la memoria de la ilusión  que trajo consigo aquel regalo inolvidable. Recuperemos aquella sensación y quedémonos con ella en nuestro corazón. Ahora bien, ¿somos capaces de recordar también otros regalos, no necesariamente materiales?  Entonces, seguramente también seremos capaces de reconocer, junto con ellos; la certeza y el rostro de las personas que nos aman.

Y luego está: aquel otro  regalo que contiene y sobrepasa a los dos anteriores: Aquél que recibimos de nuestros padres y transmitimos a nuestros hijos y a nuestros nietos, de una manera natural y humana. Nacemos, vivimos y crecemos dentro de una familia que nos contiene dentro de un pueblo o ciudad, asimilando día a día   la maravilla de ese don; junto a la sencillez de  lo cotidiano. ¿Somos capaces de reconocer, en medio de nuestra rutina diaria, ese don tan simple como extraordinario? ¿Somos capaces de hacerlo, cada día de nuestra existencia? ¿Reconocemos la vida de cada día como un verdadero regalo? O cada día  más de vida, es sólo eso: un día más…

Hoy sospecho, que  el regalo de la vida como don,  tiene  aún, límites inexplorados. Y se me ocurre pensar también, que cada persona es mucho más que  el yo y su estrecha circunstancia. ¿No será acaso que  mi vida está inserta en la de todos? ¿Y la de todos en la mía? De tal manera que: la vida de todos y cada uno es, asunto de todos y cada uno. Desde este punto de vista, mi vida deja de ser mi regalo, para convertirse en el regalo de todos. Y siguiendo esta regla de tres: la vida de cada ser en esta bendita tierra -siempre y en todo lugar-constituye nuestro gran regalo: el milagro que no nos pertenece; pero que nos ha sido dado; la gran noticia que suele pasar, casi inadvertida…

 

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“Victoria, Tú reinarás”

Ciertamente el dolor, el sufrimiento, la tristeza,  constituyen hoy en la vida cotidiana un tema tabú. Sin embargo casi diariamente, son también noticia: crónica del mal siempre ajeno, siempre distante, que ocupa  sólo unos pocos segundos, de nuestras miradas horrorizadas… y  luego,   de nuestra voces, eso sí,  indignadas de condena. Pero con el horror y la indignación, el dolor continúa siendo ajeno, no me conmueve; tampoco siento verdadera piedad por el que sufre y mucho menos me hago uno con él- En lo que es mi vida diaria, no llego mucho más allá de una palmada en la espalda o un “ya pasará todo”- con una  compasión prefabricada  que no implica una verdadera donación personal. Una compasión que, “si no acompaña al que sufre, si no le pregunta el por qué- si no le escucha con delicadeza y atención-, si no desciende con él hasta el pozo de sus sufrimientos“* ; se queda instalada en la estéril e inerte lástima.  ¡ Y tan lejos de la misericordia que ama! Que ama con un amor entrañable y fecundo, porque desde las entrañas , se dirige al encuentro del otro y actúa en consecuencia.

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Cristo nos abraza en el centro del dolor

Nuestras sociedades, nuestros gobiernos, no quieren que la gente vea el dolor de los que sufren- mucho menos un Cristo crucificado-. Las políticas y los intereses sectarios, son más fuertes que los valores y los compromisos humanitarios- pero no pueden serlo más que un Cristo que enseña a amar hasta el final- . Ellos han ocultado el sufrimiento de los más débiles, han traicionado  a los más pequeños y vulnerables. Pero lo más grave de todo, es que nosotros lo hicimos primero: Como individuos, quizás, hemos priorizado el bien personal y el de nuestro entorno íntimo, por encima del bien común, de la comunidad a la que pertenecemos.  Como cristianos, quizás, hemos olvidado que lo que nos hace hijos de Dios, nos hace indefectiblemente, hermanos, es decir, hermanos que se aman y- se cuidan -los unos a los otros.Y en última y única instancia: que Dios entregó su vida “- no sólo por mí – sino para hacer posible que yo la entregue por los demás; esa es su gracia, esa mi salvación, ese el triunfo de la Cruz de Cristo“*

Hoy las sociedades , las comunidades… hemos recluido el dolor y el sufrimiento de nuestros semejantes a las periferias más recónditas de nuestras fortalezas del bienestar; ignorando  una verdad tan rechazada como esencial: “El dolor -forma parte de la vida, es algo inherente a la condición humana- que ni se debe buscar ni se debe rehuir “*.Hemos ignorado, y pretendemos prescindir de toda una pedagogía del dolor. Por nuestra parte,  los cristianos, sucumbimos con demasiada frecuencia a la tentación: “Si eres Dios, bájate de la cruz”; serán las palabras de la última tentación. Las últimas palabras humanas, demasiado humanas:la voz del soldado romano,la voz de nuestro egoísmo que nos invita siempre a retroceder, a encerrarnos, a no mirar”* . Y  a permanecer resguardados en nuestra  impasible indiferencia, que hoy llega a su fin… si a la vez que contemplamos  a nuestro Señor agonizante en la Cruz, escuchamos su grito desgarrador: “ Perdónalos Señor , porque no saben lo que hacen “(Lucas 23:34)

Jesús nos abrazó de una vez para siempre, en el dolor, y es allí donde reside nuestra nueva oportunidad…” la oportunidad de amar, de ir más allá de nosotros mismos, ir hasta el final de nuestros límites, dar el salto del sacrificio, el abrazo de la Cruz” * . Y ya es tiempo de empezar a saber…de empezar a ver, de empezar a escuchar…y a contemplar al otro, con los ojos del corazón, del corazón que sabe amar ( o al menos desea aprender) y lo llama – hermano -. Entonces, abriremos los ojos de la misericordia: y podremos ver sus rostros : el rostro de aquél que está  a nuestro lado  y de aquel otro lejano, que sufre  el abandono, la guerra,  la  injusticia, la muerte. Y podremos mirarlos a los ojos sin apartar su mirada. La mirada de los que más sufren , los más pobres, los que aparentemente lo han perdido todo – menos a Cristo – quien no los deja de abrazar – y redimir- en el tronco de su dolor.

* El abrazo de la cruz- Hugo Mujica

* Ramón de Campoamor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La escritura como enunciado

“La vida es un diálogo inconcluso”   Mihail Bahtin

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Empiezo a pensar que lo que quiero, en realidad,  no es escribir. Lo que busco quizás, es  simplemente comprender y aceptar el mundo que me rodea; asimilar mejor las voces de los seres  que lo pueblan; o tan sólo rescatar unas pocas, a través de mi flaca memoria… y aprender a escucharlas.

Me doy cuenta de ello cuando me siento a escribir, aparentemente urgida por una íntima sensación de “decir”… Y el resultado no es justamente el acto de escribir en sí sino el de leer. Y leer, hasta terminar leyendo con aquella otra sensación, de que mi “yo” finalmente  cede, desaparece y se transforma  ante el paso del “otro” -el que escribe y leo y no es otro, que en mi interlocutor  – .

A veces me pasa también cuando leo, que el silencio es la única respuesta necesaria, y suficiente. Y muy de vez en cuando; se produce el milagro: nuestros ” miradas” se encuentran, mis oídos se abren,  nuestras voces se rozan, el pulso se aquieta, mi mano empieza a deslizarse dulcemente sobre el silencio, como acariciándolo… y lo transforma en alguna otra cosa…y entonces , en verdad: hablamos

Diciembre de 2014, todavía es Navidad

mafalda navidadLa genialidad de Quino y su capacidad de síntesis de la realidad. La visión inocente, tan verosímil e ingeniosa de Mafalda, una niña que no ha sido “contaminada” por una sociedad utilitaria y materialista. La voz de la madre que encarna también una generación que ha intentado a su manera, explicar lo inexplicable  y de compaginar de alguna forma  realidades opuestas cuando no, contradictorias como  son el Evangelio y la sociedad de consumo, que mal que mal, en aquella época, aún era moderada. En mi casa -sin ir más lejos- los regalos eran prescindibles. Entrañables noches familiares de Navidad de mi niñez vienen a mi memoria;en las que se hablaba mucho, se jugaba bastante y aún se cantaban villancicos… De las que guardo también una remota sensación de nostálgica decepción ante la comprobación de que pasada la Noche Buena, nada había cambiado a mi alrededor, nada extraordinario había sucedido en la casa…

Con los años aprendemos,entre otras cosas, que lo “esencial es invisible a los ojos”, que lo cotidiano a veces es casi un milagro y que los gestos ordinarios y repetidos son signo, también  de continuidad en el camino. Gestos repetidos, como el saludo de – Feliz Navidad- que a  algunos puede producir cierto hartazgo, como fue el caso de un conocido conductor de la tele que refunfuñaba hace unos días diciendo “que pareciera ser que recordar el nacimiento de Jesús por dosmilésima décimo cuarta vez fuera más importante que los problemas que nos asedian actualmente”. Se respira, a veces, ese fastidio , y en general, aquel aire costumbrista o tradicional de los gestos repetidos que se viven con traje de fiesta o al calor de una mesa compartida con familia o amigos. Algunos además, lo recordamos y lo celebramos en la misa.

¿Lo intentamos de verdad? ¿Lo conseguimos a veces ?Personalmente, creo que muchos vivimos aún  la Navidad desde esa perspectiva externa de los gestos más o menos significativos; y perdemos el sentido profundamente  religioso y humano que ella nos regala: el encuentro de Dios con el hombre, gracias a la realidad de ese Niño Jesús pequeño, vulnerable y necesitado como uno más de nosotros. Y que,  en aquel entonces, sólo los más humildes, los más inocentes y los más justos pudieron reconocer recostado en un pesebre y envuelto en pañales. Hoy, somos muchos más los que esperamos y decimos creer. Pero… ¿cuántos los que lo contemplan con el corazón y lo reconocen realmente ? Porque… ¿cuántos son los valientes, que además de esperar y de creer que Dios está con nosotros, hacen que esto suceda realmente en sus vidas?